domingo, 9 de marzo de 2014

volver, con la japi marchita.

volveré y seré millones, me gustaría decir
pero no.
tampoco aquí no ha pasado nada
algo si. 



después te cansas de ser loquito
me dijo alguien una vez, sin maldad
con nostalgia creo, pero no se.
bueno, eso tampoco.


punto de no retorno, me advirtieron

gran verdad
no hay dónde ni a qué volver 

crecer es (un) acontecimiento,

ser-en-el-tiempo



como primavera sin alergias
como ofertas que no terminan
como mezclar y dar de nuevo
como  pensar sin palabras
como ser libre adentro de un cuerpo adentro de un cubo.

martes, 4 de junio de 2013

zoología fantástica IV.

de los camuflajes del gatite:

viernes, 10 de mayo de 2013

capacidad de olvido


Me recupero como un boxeador. Me rehabilito concentrado. Conozco mi cuerpo y las heridas, se que se requiere tiempo para sanarlas. Hay que esperar.


Un desgarro lleva 21 días me dijo María con la seguridad de quien ya lo sabe porque se desgarró muchas veces. 

Cuento los días, van 18, falta poco. El último tramo me resulta el peor, la ansiedad cruel aliada del espanto me hace temblar.

No puedo hacer mucho, hay que esperar. 


En 18 días no te vas a acordar de este día. 

lunes, 6 de mayo de 2013

humano.

para mi, mis amigxs y todxs los que me conocen 

Conozco el odio y la envidia que anidan en sus corazones. No son lo suficientemente grandes para no saber de odios y envidias. Sean pues lo suficientemente grandes para no avergonzarse de tales sentimientos! 

                                            bigotes federico.

domingo, 10 de marzo de 2013

llamado.

doy vuelta la página y Bergson (me) dice:
"la humanidad de la que nos alejamos entonces es la que descubrimos en el fondo de nosotros mismos"

sábado, 9 de marzo de 2013

metamorfosis.

Si no tienes historia personal, no se necesitan explicaciones; nadie se enoja ni se desilusiona con tus actos. Y sobre todo nadie te amarra con sus pensamientos (…) Lo malo es que, una vez que te conocen, te dan por hecho, y desde ese momento no puedes ya romper el lazo de sus pensamientos. A  mí en lo personal me gusta la libertad ilimitada de ser desconocido. Nadie me conoce con certeza constante,  como te conocen a ti, por ejemplo. 
(...) Un cazador usa su mundo lo menos posible y con ternura, sin importar que el mundo sean cosas o plantas o animales o personas o poder. Un cazador tiene trato íntimo con su mundo, y sin embargo es inaccesible para ese mismo mundo. 
Don Juan, Viaje a Ixtlan.

será posible adoptar otras formas?
tengam(on)os paciencia.
aprendamos a soltar juntxs, aunque suene contradictorio, así nos potenciamos.
huyamos juntxs, sobre todo de nosotras mismos. 

sábado, 27 de octubre de 2012

distentio animi.


Masita oscura, torbellino de hollín

llevame al fondo donde nadie nos mira
de la mano llevame
donde se confunden las manos
donde se multiplican los hongos.

Siniestra (tu) belleza

sólo quien sabe hacerte ronronear vale.

El resto, humanidad. 


sábado, 13 de octubre de 2012

teoría queer.


Soñé que te cojía pequeñita.
Que nos encontrábamos las dos, calientes en el patio, rodeadas de plantas, de gatos y de sol.
Vos, te reías y no sé qué me decías, pero me daban unas ganas terribles de besarte y te besaba.
Te sacaba la remera y tus tetitas minúsculas, imperceptibles, se reían del pacatismo de caballito.
-pero si es un pibito. Decían las viejas culo-roto colgadas a los balcones.
Igual, lamía tus pezones y me perdía en tu entrecerrar los ojos. Con una mano te abría el cierre, despacito. Y así de despacito te pasaba la lengua por la boca. Tus dientes, chiquititos, apretados, dejaban salir tu lengua que se encontraba con la mía.
Papilas gustativas al cuadrado y te sacaba el pantalón.
Desnuda y dibujada, te ponía dándome la espalda cerca de la parrilla, únicamente para molestarte con el recuerdo de alguna muerte sabrosa.
Tu culo, hijo mortal de algún dios, sobresalía altaneramente de tu cuerpo. Mi pija lo buscaba, lo tanteaba, lo medía.
Te ponía la mano derecha en la concha y la izquierda en el cuello. Te penetraba por instinto.
Los pacatos, ahora, se asomaban. Ya no era una imagen permitida.
-gorda puta, puto…bombea a nena, pibito. 

sábado, 29 de septiembre de 2012

devenir. (p[izz]aja de mus[zz]a).


muñeca deforme
qué tu culo y tu pito compitan
riña de gallos por mi boca

volveré y seré
humano-viviente-mutante
poética pija de nena

el plástico dura más que el amor
y mi pija sempierecta se enamora(de)

culos inquietos
culos abiertos
culos en llamas

viernes, 3 de agosto de 2012

in-der-welt-sein.

Todos los días, 
doy gracias 
al punk rock. 

     sistema kinestésico-perceptivo.

domingo, 22 de julio de 2012

aporía.

A veces quisiera que desaparezca el 80% de la población mundial,

y que el 20% restante me chupe la pija. 

                   Selbst. 



domingo, 29 de enero de 2012

derecho de autor.

esas cosas que la experiencia me hubiese permito escribir, pero que alguien lo hizo primero y mejor. 


(las reinas ambiguas)
Algunas sólo fueron reinas durante las noches. Algunas jugaron a canjear corbatas con el sol y purpurinas con la luna. Intercambiaron montes de venus con pechos viriles como niñas indecisas entre besar a la muñeca o besar al primo. Algunas sólo fueron reinas que llenas de miedo se alzaron en un tembladeral de eyaculaciones tímidas y precoces. Movieron sus culos al compás de vergas subversivas y lenguas descontroladas. Algunas sólo fueron reinas fuera del horario de los bancos, como eunucos disfrazados de falsos jueces sin poder dormir del lado de la calma porque en sus habitaciones nupciales hubo siempre un filo de culpa que presagió la delación, el rechazo o el abandono. Algunas para ser reinas vivieron descuartizadas con un ojo en el deber y otro en el exilio. Reinaron sólo en tierras minadas. Calentaron sus manos en la hornalla de la sospecha. Fueron reinas ambiguas, su debilidad no fue otra que el no poder ser reinas a la luz del día. Con ingenuidad levantaron un largo muro para protegerse de las injurias y de ese muro surgió un ojo que las vigila.
(josé sbarra, marc la sucia rata) 

lunes, 23 de enero de 2012

resolución anticipadora.


se tomaron licencia las musas
huelen a  verano, 
ojotas transpiradas y  piel reseca, chamuscada.

veintres pajas me hice hoy, en un intento de suicidio
y diseminé sin semillas
todo eso que pensaba y no quería pensar.

como no morí
y seguía siendo domingo
leí, tomé te helado y escuché jazz.

Me sentí adulta. 

viernes, 16 de diciembre de 2011

fantasma lacaniano.

Querido Federico,
intente de las mil maneras olvidarte. No lo consigo.
Pero dejame que te lo diga, lo intenté Federico, puse voluntad, si es que sirve para algo, lo intenté.  Busqué artificios de los más variados, creí en cosas que yo no creo, para ver si con eso vos te ibas, te espantabas. Pero no, te quedabas.
Intenté varias cosas, como te decía. Hice una limpieza grande y tiré todas las chucherías que guardaba, todo lo que me remitía a vos con necesidad. Las cosas chiquititas que nos unían. También baldié los pisos, lavé los platos y fregué los azulejos del baño que todavía olían a tu espalda.
Me convertí en todo eso que no era. Pensé que por ahí, de ese modo, te asqueaba mi presencia y entonces no volvías. Pero te quedabas y cada vez más cerca. Cómo si estuvieras adentro mío, como si sintieras eso que siento, como si tampoco vos pudieras hacerlo palabras.
Pero no sos parte mía Federico, sos eso que es y no es (yo) más bien; como decía Derrida, ese huésped que se vuelve hostil. Y como sabes, toda mi hospitalidad se cuece en un caldo hostil, picante. A veces desértico.
Lo intenté. Recurrí a talismanes, estampitas, velas, mantras, hasta leí las letras pomposas que tanto detesto. También hice lo que se hacer, lo que no me cuesta nada.
Pero te quedabas cerca, siempre cerca. Ese cerca que no existe, que puede ser en cualquier lado. Susurrando cosas que, todavía, no puedo oír. Diciendo cosas que tampoco vos podes decir todavía.
Y entonces, Federico, me envuelven nostalgias de recuerdos tan apócrifos como cualquier relato inconcluso.
De todos modos aprendí que los berrinches no me sirven para nada y a mi los deseos no me salen sino con puros berrinches. No tengo término medio, me conoces, y por eso se me hace tan paradójico tenerte tan cerca.
Sea como sea, dejo de pelear y vuelvo a darte la bienvenida.


Sueño (1)
A veces siento que es la primera vez que estoy en mi casa. Un sentimiento extraño. Como extranjera en su tierra, en su tierra más propia.
Como si no fuera de ninguna parte. Como si estuviera de visita. Sabiendo que me voy.
Hasta que me doy cuenta que no se a dónde. Entonces me gana el espanto y me siento líquida. Licuada, para ser más exacta.
Como si no hubiese nada en mí que contenga mi sangre. Como si pudiese irme entera por la oreja, por la nariz o difuminarme, hasta desaparecer,  por cada uno de mis poros.


Disculpame Francisco, a veces pienso que me hubiese gustado desear otra cosa. Y no es que sea tarde, pero es que ya no le encuentro mucho sentido. Las palabras ya no me dicen mucho, sabes? no me dicen nada.
Las palabras ahora me resultan solo palabras, juegos entretenidos de ingenio, a lo sumo. Quizá porque logré desprenderme incluso de ellas, sentirlas extrañas o ya no sentirlas. Dejar mi cabeza en blanco o en negro o en un gris indescifrable….
Así me siento Francisco, completamente vacía, o muy llena. Totalmente abarrotada, sin el más minúsculo espacio donde  entre nada.
Y si, claro, por momentos, siento que me asfixio, que me quemo por dentro, que me arde, pero hay momentos en los que me siento bien así, en silencio, tranquila.


Sueño (2)
Estaba en un edificio de estructura antigua. Caminaba desorientada por uno de los pasillos. Paré en una puerta grande y pesada de madera. Al abrirla, era un baño amplio y muy limpio, con un espejo enorme que abarcaba toda la puerta del lado de adentro. Me miraba, tenía una expresión rara, de desconcierto.
Al bajarme el short, encontraba en mi entrepierna un pubis muy velludo, oscuro y voluminoso. Y entre ese matorral mio, reposando una pija gruesa que colgaba hasta el comienzo de los gruesos labios de mi concha.
Hice un pequeño movimiento pendular y sentí cómo se sacudía un poco mi verga, cómo iba y venía suavemente.
Abrí un poco las piernas, y me miré con detenimiento en el espejo. Tuve la necesidad de asegurarme que también estaba mi concha. Estaba, sin ninguna modificación al parecer. Eso me tranquilizó un poco, pero en seguida me pregunté, creo que en voz alta si todo eso era normal. Claro que es normal, me dije, soy mujer, todas las mujeres tenemos las dos.
Así dije “las dos” y me dio entre ternura y vergüenza haberme confundido.
Con la mano derecha tomé con suavidad mi verga, desde el nacimiento mismo. La apoyé en mi mano, como intentando adivinar su peso, como queriendo saber cuanto medía.
Todo eso pasaba rápido, pero lo sentía eterno.
La rugosidad de la piel que se iba tensando, la mano que se iba haciendo chica, que ya no contenía toda mi verga, que ahora simplemente la guiaba, la sacudía.


Escuchame Fabricio, entendé. Yo nunca te mentí.
De hecho, te lo dije siempre; yo nunca miento, a lo sumo exagero, fabulo, te hago más entretenida la historia, le doy cierta cohesión poética a eventos que de otro modo no tendrían demasiada relevancia.
No se, decile como quieras Fabricio, pero asumilo, yo nunca te mentí.
Incluso para que entiendas, un día te dije que miento todo el tiempo, para que entiendas nomás, pero parece que te confundí, que te llené de dudas.
Mirá, que se yo, por ahí es parte de mi costado perverso, pero ves? Nunca te mentí. Yo no miento.
Te dije también que a veces  se me piantaba un poco, o no te lo dije? y en eso las contradicciones formaban parte del combo, por eso nunca te dije más si que no, ni viceversa.
Pero entendeme Fabricio, y es que se venía venir, así de ansiosa que soy que necesitaba paciencia.
No te pongas así Fabricio, me partís el corazón, vení, mejor deja que te acaricie un rato.
Si vos sabes bien que después de todo realidad no es otra cosa que la  sustantivación de un adjetivo que de por sí, no le agrega nada a la descripción.
Abrazame Fabricio, te abrazo. Yo nunca te mentí y tenés una boquita tan hermosa.


Sueño (3)
Estamos en el subte B, tal vez para que todo sea mucho menos creíble. No se, estamos sentados en esos sillones de felpa roja desgastada que tiene el subte B. No recuerdo el contenido de nuestra charla, pero recuerdo la sensación de tenerlo cerca.
Está vacío el vagón o yo no veo a nadie más que a él, con las piernas bien abiertas, ocupando mucho más espacio del que en verdad ocuparía su cuerpo delgado.
Un gesto que es muy común entre los hombres, pero que en él se ve ridículo, exagerado, como sobreactuando su virilidad. 
Toda su confianza se le ve ridícula, y por eso me gusta.
Todo él me resulta grotesco.
Me resulta evidente que es otro, aun cuando no puedo determinar si es el otro que le gustaría ser o el otro que por momentos siente que no puede dejar de ser.
No me importa. Me gusta saberlo otro. Me gusta creer que nos pasa lo mismo, que por eso nos entendemos, que por eso no hace falta decir mucho, ni tampoco conocer ni inventar verdades.
Como si fuésemos conscientes del engaño, como si pudiésemos ver el disfraz que llevamos puesto.

domingo, 6 de noviembre de 2011

esta ironía porno nuestra.

Se desnuda al llegar, mientras yo tomo mate y arreglo un poco la mesa del patio. Camina, se mueve alrededor mío y me pide una reposera. Se la doy. Mientras se acomoda,  veo cómo se asientan, en su culo pálido, millones de pelos largos que se enrulan  y dibujan infinitas formas en ese lienzo curvo.
Yo no estoy excitada a decir verdad. Pero voy entrando en ritmo cuando, sin cuestionar nada, cumplo con lo que me va ordenando y veo cómo sus huevos y su pija, de estar colgando, pasan a tener otras formas.
Es la mente, me dice; pero no me dice qué cosas le pasan por la mente para mover de esa manera las bolas, lo cierto es que tampoco me interesa, porque con verlas ya me alcanza. Sé lo que pasa por la mía.
Hablamos de la vida, de cosas simples y también de cosas tristes. Sigue desnudo y veo que su pija se hace chiquita, se encapulla, cuando hablamos de cosas serias. Pero cuando se da cuanta que la estoy pispiando se ríe y me hace reír. Cambiamos de tema, su pija ahora tiene una pequeña contracción que la hace dar un saltito.
Me dió frío, me dice y entra a buscar su ropa. Creo que va a salir vestido, pero no, sale desnudo y con las medias puestas. Me da risa verlo así, pero en seguida pienso “el maldito lo hace para negarme los  pies” y entonces me doy cuenta que estoy a punto.
Hablamos un rato más y ya no puedo mirar otra cosa que la metamorfosis de su pija, cómo cada tanto la toca, como acomodándola suavemente, acariciándosela. Te gusta mirar? Me pregunta. Sabes que si, le respondo. A mi también, me dice y empieza a sacudirse la pija, bien dura ya, clavándome los ojos en las tetas escotadas.
Acercate, me dice y abre las piernas para que pueda meterme entre ellas. Con una mano me agarra de la cintura y me empuja para acercarme bien a la pija que sacude cada vez más rápido. Con el roce de su mano en mi concha vestida me saca el primer polvo. Sentí un temblor y los pantalones muy húmedos.
Me arrodillo, quiero sacarle las medias. No me deja. Si te portas bien van a ser tu premio, me dice. Los quiero, insisto. Después y se  inclina para chuparme las tetas. Hunde toda su cara entre mis tetas y después golpea mis pezones con su pija que desprende algunas gotitas.
La pongo entre mis tetas. Le escupo la punta para lubricarla y poder sentir mejor cómo sube y baja apretada entre mis esponjosas tetas. Empiezo pasándole la lengua por la punta, hasta que la trago toda y entonces me agarra fuerte de los pelos, haciendo que mi cabeza suba y baje a su ritmo. Me hunde hasta casi atragantarme y me levanta en el momento justo.
Me pide que me saque el pantalón mientras beso sus huevos. Sacame las medias, me dice finalmente. Y al agacharme para desnudar sus enormes pies, los beso en posición de alabanza, sacando culo como una gatita tomando agua.
Me hace incorporar y focalizar otra vez en su pija. Mientras se la chupo, acomoda su pie derecho en mi conchita mojada. Siento primero su hermoso dedo gordo, pero pronto se confunden los dedos y puedo sentir todo su pie en mí.
Mirame y pajeame, me pide. Te  voy a llenar de leche hoy. Me muevo sobre su pie y aprieto su pija con mi mano, mientras sostengo entre risas su mirada. Más fuerte,  me pide. Estás con un hombre, me repite. Yo sigo moviéndome y sacudiéndola. 
Cuando me da el primer calambre, sale el primer guascaso. La leche salta como en una pequeña fuente y no sólo yo quedo llena de leche, sino que también su cara se lleva unas gotas.



domingo, 12 de junio de 2011

Lucy in the Sky with Diamonds.

Las imágenes se me pasaban medio revueltas delante de mis pupilas dilatadísimas. Las caras, las luces, la música, todo se me metía directo al cuerpo. Sentía las texturas y los colores, sentía como me envolvían y se enredaban en mis rulos.

Ella me miraba, sonreía y me miraba, bailaba y me miraba, bailaba para mí. Se acercaba y movía todo su cuerpo muy cerca del mío. Tenía borcegos altos, con plataforma, medias de red oscuras, pollera cortita de jean, una remera blanca con algunos dibujos y un chalequito chiquito y ajustado  color negro, pelo muy cortito que le formaba una mini cresta, ojos  grandes y una boca hermosa con labios bien carnosos.
La veía temblar, temblar para mí. Se agitaban sus tetitas, sacudía las piernas y éstas el culo. Un culo firme tapado, apenas, por su pollerita de jean. Estaba con un chico, era su chico evidentemente, pero ella, putita perversa, me miraba y me bailaba a mí. Se acercaba cada vez más y me sonreía. En mi cabeza las imágenes seguían enredadas, pero focalizaba cuando la miraba, focalizaba en ella y su sonrisa, en sus movimientos, en su nuca húmeda por la transpiración que le generaban sus movimientos.
Me convidó del trago que le había traído su chico, no se qué era, ni siquiera lo probé. Me dijo un par de cosas, creo que del trago que me ofrecía, no se, no me acuerdo bien o no le entendí del todo, no se, pero cuando la escuché, cuando escuché su tonada, cuando me di cuenta que esa hermosa tanita estaba tan o más drogada que yo, sentí como un fuego que me salía de adentro y ella también lo sintió.
La ví meterse al baño y no me aguanté las ganas, me metí en el baño atrás de ella.
Se estaba mirando en el espejo, entré y le dije “hola” ella con un lindo "jiji" de putontita me dijo “ciao”. Sin decirle nada me acerqué y la agarré de la cintura, lindas curvas más allá de ser delgada. Quise besarla pero ella se corrió para atrás, me decía que no podía, que no, que no. “Pero dale tanita, si tenés más ganas que yo!” pensé. Me ponen loca las putitas que me dicen que no cuando se les nota que tienen más ganas que yo.
La agarré de la mano y la metí en el cuartito del baño, la puse contra la pared, ella me miraba con esa mirada caleidoscópica. Para esa altura, debo decir, a las dos nos salían colores de los ojos. La besé agarrándola fuerte de la muñeca y puse mi otra mano sobre su tetita izquierda, su pecho subía y bajaba al ritmo de la respiración que parecía estar sincronizada con la música y las luces de afuera. Levanté su remera, no tenía corpiño, le pasé la lengua por el contorno del pezón que estaba bien duro. Le toqué las piernas despacio, haciendo que mis dedos jueguen con sus medias de red. Ella se agitaba y se reía, me tocaba el pelo y muy suave las tetas. Con una mano le agarraba fuerte el culo, con la otra le corrí la bombacha y acaricié despacito esa conchita italiana toda mojada por mí en un baño chiquito y oscuro. Le ponía mis tetas sobre sus tetas, ella me las tocaba y las apretaba cada vez más, se movía agitada. Le metí tres dedos que entraron con tanta facilidad que me puso más loquita de lo que estaba. Sentía la humedad y el calor de su concha en mis dedos, la veía entrecerrar los ojos y morderse los labios. La besé y le estiré el labio inferior con mis dientes, entre ellos dejaba pasar la lengua que bailaba en su labio carnoso. Me reía, todo me hacía reir. Ella estiró la mano y la metió entre mis piernas, arriba del pantalón, me frotaba rápido y con fuerza, mostrándome cómo quería que yo la tocara y así lo hice. Terminamos entre risitas y suspiros. 
Salió primero ella y después yo con aires de triunfo.

El lsd, las putitas y el amor son mis drogas preferidas. Drogas duras y peligrosas, si, pero quién te quita lo bailado?

viernes, 3 de junio de 2011

criterio de demarcación. (lo borrosoñoso)

Hoy soñé con vos y te soñé con detalles que, la verdad, no sabía que me acordaba.
Veía tus manos, claramente eran tus manos y me detenía un buen rato en la forma de tus piernas, tus pies, esos si me los acuerdo. Tu dedo gordo y tus tobillos flacos. Tu espalda, qué linda que es tu espalda y el dibujo que los pelos te forman en la panza y en el pecho.

Pero claro, como siempre, las imágenes en los sueños son borrosas, se borrosoñean las cosas en los sueños.  Pero me acuerdo, si, muy bien de las sensaciones. Las sensaciones son absolutamente vívidas en los sueños y muchas veces más intensas que en cualquier otra parte. Sin estructuras, sin pensamientos, sin explicaciones estériles que no aportan nada. Las sensaciones puras son en si borrosoñosas, tal vez esa sea precisamente, su verdadera condición de posibilidad.

Tu actitud era algo distinta pero no distante, andá a saber si era lo que siempre quise que sea o lo que siempre temí que pueda ser, no se, no me importa, pero era distinta.
Te ponías algo rígido y tu voz no tenía la suavidad que tiene habitualmente, conjugabas imperativamente todos los verbos y los verbos se hacían cosas, cobraban entidad tus verbos. Tu mirada sacaba chispas y se podían ver esos colores que salían de tus ojos.
Me dabas vuelta, me dejabas boca abajo, te sentabas sobre mí, podía sentir todo tu peso en mi cintura, podía sentir como se expandían y presionaban sobre mi cintura tus nalgas esponjosas. Me agarrabas de los pelos, fuerte me agarrabas, hacías que mi cuello se estire, no podía darme vuelta, no podía moverme, no podía mirarte, pero te sentía en todo el cuerpo, en cada respiración te sentía.
En un momento quise mover los brazos, me había puesto algo inquieta, aun cuando por dentro estaba tan serena como hacía tiempo que no estaba. Entonces, sin soltarme el pelo te levantabas rápido y sentí frío en la cintura, como una sensación de inmediata nostalgia corporal. Pero antes que pudiese decirte algo, acomodabas con fuerza tu rodilla sobre mi espalda, haciendo que tu pierna quede en paralelo a mi columna. La presión era fuerte, me costaba respirar.  Empezabas a darme potentes chirlos en el culo, primero con la mano, pero después podía sentir la textura de la palmeta de cuero. Me decías lo rojo que se me iba poniendo el culo y yo podía sentir el calor del rojo, cada vez más caliente, cada vez más rojo y las cosas se me borrosoñaban y se tornaban rojas, con distintos matices, con matices que incluso no recordaba conocer del rojo.
No me pedías que haga nada, todo era entre vos y mi cuerpo, yo estaba pero no, aunque si y nunca había estado tanto. Los chirlos me generaban contracciones espasmódicas que a su vez provocaban que mi pelvis se frote con las sabanas, que a su vez me hacían sentir cada vez más la presión de tu pierna sobre mi columna, que a su vez hacía que mi respiración sea más y más agitada.
Después, súbitamente después, como si la escena hubiese cambiado de repente, como si todo lo otro no hubiese sido nunca. Pero si, porque ahí estábamos. Sentía, esta vez, todo tu cuerpo sobre el mío, sentía como me penetrabas y me presionabas cada vez más fuerte, con cierta violencia lo hacías, violencia que se sentía dulce, amorosa podría decirte,  y una mano tuya sobre mi cuello y otra tironeándome el pelo, te ayudabas para hacer fuerza y empujar y empujar, como si no hubiese fin en los cuerpos.

Yo estaba pero no y vos tampoco estabas pero si.

Después de todo cuál será la línea que divide lo real de lo simplemente fantástico, cuál será el criterio y quién el encargado de descubrirlo, y de qué lado de esa línea estarán los sueños? Las sensaciones tienen realidad efectiva aun cuando se alimenten de cosas que, por ahí hay quienes dicen,  no existen  o por ahí hay quienes, simplemente, tienen miedo que existan. 

martes, 19 de abril de 2011

zoología fantastica III.

confesiones de un gatite acerca de su desconcierto:

-ayer me martillé un dedo, para ver si comprendía a qué se refieren los humanos cuando hablan de dolor. debo decir que no fue para tanto, dolió si, pero los tejidos se reconstruyen, el dedo sana.
después me tomé el trabajo de medir un vaso, para llenarlo exactamente por la mitad. no hubo manera, por mucho que me esforzara siempre lo veía a la mitad, no comprendí el dicho.
también compartí momentos y fui feliz con alguien a quien le abrí mi corazón, así y todo, sigo sin tener idea qué quieren decir con amor los humanos.

-creo que la humanidad tiene muy sobrevaluados algunos conceptos o una gran incapacidad para la metáfora.

miércoles, 6 de abril de 2011

tomo y obligo.

Juira a los lobos que se disfrazan de corderos. Los prefiero salvajes, con los colmillos afuera.
Juira a los tibios que se pasan de cagones, esos que quieren cuidarse y hasta cuidarte, pero de qué o de quién, es algo que nunca se preguntaron.
Juira a los tipos que se comieron el estereotipo de macho de manual. Los verdaderos tipos son los que se dejan romper el culo y lo disfrutan, como machos.
Juira a las minitas “fálicas” que codificaron la masculinidad con la torpe búsqueda del éxito productivo, con guita o laureles, con medirse la poronga inexistente en definitiva.
Juira también con las lesbitas ortodoxas que le tienen tanto miedo a la garcha que eligen hundirse en la sensiblería barata y creen que con aprender algo de plomería es suficiente.
Juira los conservadores, pero también juira los revolucionarios que, con ribetes inocentes, no hacen más que querer romper para construir con las mismas fórmulas.
Juira a los iluminatis y también a los oscuros, que terminan por justificar sus miserias repitiendo la aburridísima misma historia.
Juira con los frágiles que se creyeron tan caquita que se pusieron armaduras cada vez más grotescas e impenetrables. 
Juira con las identidades encapsuladas de los que necesitan asumirse.
Juira yo, ya lo se. Juira todo, que infantil. Pero me tiro, respiro hondo y me tiro, porque prefiero intentarlo, aunque me quede sin nada. 

lunes, 28 de marzo de 2011

stimmung - la bienco.

Hay realmente  muy pocas cosas en el mundo más lindas que una mujer bien cojida. Mucho se habla del estado inverso, ciertamente las malco son fácilmente detectables y hasta pueden llegar a ser un poco peligrosas.  También es cierto que es más fácil escribir o hablar de lo malo del asunto, la alegría no suele ser muy poética que digamos. Pero resulta injusto lo poco que se dice de este maravilloso fenómeno.

Las mujeres bien cojidas irradiamos de nuestro ser felicidad empírica, la figurita más difícil de todas, la que sale del cuerpo y no de novelitas fantásticas.  Por lo general esa felicidad se transmite en la sonrisa y en la mirada, que se torna relajada, que refleja comodidad con una misma y el universo. Bien cojidas logramos una increíble  armonía con las cosas, un comprender no reflexivo que permite una buena predisposición a estar en el mundo. Porque las mujeres bien cojidas no pensamos tanto, nos dejamos llevar hasta perdernos, porque sabemos que es la única manera de encontrarnos.

Yo, mujer bien cojida, me sigo hundiendo con alegría en las imágenes que me quedaron para las próximas tocatas solitarias y se me clava una sonrisa cuando me acuerdo de los gritos que se me desprendieron de no se donde e intento imaginar mi cara desde su perspectiva, como si yo fuese esos ojos que me miraban fijo mientras era toda una cerdita poseída.  

miércoles, 9 de febrero de 2011

nostalgia.

Yanina fue de la única mujer que me enamoré. La única. Siempre me gustaron las chicas. A quien no? Tienen que admitir que somos lindas las chicas. Pero siempre las quise para jugar, como muñequitas, sólo para jugar un rato.
Pero  a Yani no, ella no era para jugar sólo por un rato. Me di cuenta en seguida y  no la quise dejar ir. Lo lindo fue que tampoco ella quiso soltarme.
La conocí en el laburo y la verdad que al principio no me caía muy bien. Envidia de chicas, mal al que no escapo. Ella no sólo era mucho más linda, era simpática, inteligente, interesante.  
La primera vez que salimos en grupo, con los nervios y el caretaje propio de la primer salida con compañeros de trabajo, Yani con su sonrisa, me agarró de la mano y me llevó al baño, me dijo “hasta los 30 está bien, después tenemos que parar”, se rió y puso una moneda en mi nariz. De verdad que no me la esperaba, “te gusta sorprender” no se si lo pensé o lo dije, pero ella lo entendió.
Vivimos juntas, casi dos años. Una casa en san telmo, con olor a humedad, techos altos y canillas rotas. El balcón daba directo a la puerta de una comisaría, Yani se asomba en tetas todas las mañanas a recibir el día. Después hacia la cama. La terminaba siempre dándole un beso a mi almohada (ese gesto me podía, corría a abrazarla cuando la veía hacerlo). Mirábamos en la cocina la novela que a ella le gustaba mientas me cocinaba cosas ricas y charlábamos de la vida. Yo lavaba los platos.
Un día la encontré llorando, me dijo que tenía novio, que se iba a vivir con él, que bueno, que si, que el amor, que las cosas, que la gente, que los 30, que te quiero, pero viste, que la madre, que el hermano, que por ahí, que se yo. Al otro día se llevó todos los muebles, los vasos y los cubiertos, hasta las cucharitas. Dejó al gato y el escobillón en el lavadero. 

sábado, 22 de enero de 2011

mala fe.

fue divertido mientras duró. 
verdad cruda de ojos empañados que hasta ahora nunca habían dicho algo tan cierto.
quiso probar, quiso saber, experimentar qué era lo que se sentía estar del otro lado.
y probó, experimentó, jugó, desparramó risas por todas partes, incluso se tentó y quiso un poco más.
es cierto. 
pero es más fácil jugar con quienes no conocen el juego. 
reglas dinámicas de sonrisitas mentirosas. 
tal vez porque esto, así, me costó muy mucha soledad. 
la libertad muchas veces cuesta más de lo que uno estaba dispuesto a pagar.
tesoro extraño que con la misma fuerza con que se lo busca
al encontrarlo, espanta 
y se abandona.  

lunes, 27 de diciembre de 2010

zoología fantástica II.

sobre la frustración del gatite:

La frustración del gatite tiene absoluta relación con la inconmensurabilidad de los paradigmas.
Porque aun cuando todo le resulte familiar, el gatite no comprende el paradigma humano. Está completamente incapacitado para hacerlo, simplemente porque él está dentro de otro.
Tal vez por eso, el gatite se puede pasar horas haciendo crucigramas. Sentado con lapicera en mano, la mirada perdida y pensando más allá del juego. Y es que de alguna manera el crucigrama es como una analogía de su vida en sociedad. Al estar rodeado de humanos, el gatite se ve obligado permanentemente a estar  adivinando palabras, otorgar sentido a los fonémas, hacer de las letras algo consistente.

Muchas veces el gatite se siente sólo. Quiere ser comprendido, escuchado con profundidad, sin estar parando en cada punto o coma para explicar qué es lo que quiso decir desde su lenguaje. Esto  no le resulta una tarea sencilla.  Lo que él necesita es un verdadero intérprete, no un simple oyente y ahí es donde vienen las complicaciones. Para desarrollar el arte de la hermenéutica se necesita tiempo y en el mundo humano de la inmediatez, nunca hay tiempo.
El gatite, que es un ser bastante sentimental, se frustra al no encontrar quién lo comprenda y entonces se resigna a tener que traducirse el mismo a lenguaje humano. Traducción completamente torpe como cuando queremos traducir nuestros pensamientos a un idioma que no conocemos muy bien. Hasta comete errores en acentuaciones que provocan un poco de risa y cierta ternura.

Es necesario decir, para ser justos, que no es fácil ser gatite en un medio tan lleno de humanos. Y esto porque aun cuando se  muevan parecido a nosotros, como si fuese uno más, el gatite es un "entre" y nunca tenemos que olvidarnos de eso. Es una modalidad del “entre”, cosa que lo hace interesante, incluso atractivo, al mismo tiempo que lo comvierte en un verdadero extraño. Porque al ser tan parecido a los humanos, uno se ve tentado a dejarse llevar por las literalidades y entonces no comprenderlo en lo absoluto.
Pobre gatite! Se frustra tanto de tener que explicar-se una y otra vez que sin darse cuenta cae también él en la literalidad de la cotidianidad humana.

El lenguaje del gatite es pura metáfora, poesía en crudo, casi como el sueño de un sueño. Y eso, así de cursi que suena, es lo que eleva aun más el nivel de complicaciones. Porque hay tantos lenguajes como gatites en el mundo, es decir que no hay dos que hablen el mismo idioma. Por lo que ni siquiera tienen la posibilidad de una compañía hibrida con alguno de su misma especie de modalidad.

lunes, 20 de diciembre de 2010

estereotipos y estereominas.

Las estereominas: 
Las minitas por lo general se dejan el pelo largo para poder dibujarse un bucle con el dedo y ponen carita de tontas mientras un tipo las mira. Ellas siempre están dispuestas al amor, viven enamoradas las minitas, gustan de ser conquistadas permanentemente y escuchar palabras lindas saliendo de la boca de casi cualquiera, porque en realidad lo que ellas quieren es que las traten bien, que les miren las piernas y las inviten a comer. Se predisponen con alegría al rum rum de la conquista, eso es lo que las hace tan adorables, se arreglan, se peinan, se perfuman y hasta son capaces de hablar de política si la ocasión lo amerita. Ellas siempre tienen estrategias y ases guardados en las mangas de sus camisas coloridas.
Usan polleritas cortas o jeans muy ajustados acompañados siempre de  camisas de colores claros que destaquen su decencia angelical, porque las minitas mueven el culo, si, pero quieren que las tomen en serio, y ya no saben cómo hacer para que el mundo entienda que ellas no son chicas de una noche.
Las minitas se juntan y salen a tomar algo, piden siempre tragos tropicales con edulcorante para no engordar, hablan de tipos y de angustias cotidianas, se rien fuerte, sin mostrar por completo los dientes y se tocan el pelo por las dudas que ande por ahí cerca algún tipo que las mire.
Ellas saben muy bien que una vez asegurada la conquista, el tipo se va a olvidar de los poemas y de las cenas, que va a ser un simple tipo que a lo sumo les cambia la lamparita que se quemó en el baño y que de seguro les romperá el corazón y no volverá a llamarlas. Pero a ellas les gusta tenerlos cerca para tener una excusa para llorar mientras se pintan las uñas, hablar por teléfono por horas sobre sus penitas de amor, zapatos y las conchudas de la oficina.

  
Los estereotipos: 
Los tipos no creen en el amor, eso es cosa de minita, pero son capaces de  escribir poemas incluso con tal de  enamorar alguna. A los tipos les gusta que los necesiten y saben muy bien, porque se los vienen diciendo desde el primario, que las minitas no pueden hacer nada sin ellos, por eso se entrenan en cambiar lamparitas sin tenerle miedo a la electricidad y arreglar los cueritos de las canillas que no cierran bien. Ellos siempre se muestran despreocupados  y cuando no saben qué es lo que tienen que hacer fruncen el ceño, se rascan la cabeza y dicen con tono de misterio "habría que verlo".
Los tipos salen a correr para mantenerse en forma, ellos no van al gimnasio, en primer lugar porque el gimnasio es para putos y además porque en el parque siempre hay minitas que salen a pasear al perro y que esperan pacientemente ser conquistadas por tipos atléticos y chivados.
Los tipos siempre están apurados y mantienen sus agendas cargadísima de cosas que podría hacer mañana o hasta incluso nunca, y es que ellos disfrutan de andar a las corridas y tener muy poco tiempo. De ese modo un tipo se asegura que entiendas que sos importante si él se hizo un hueco en la agenda para verte y que no tiene que sentirse culpable por irse apurado, sin abrazarte.
Los tipos se juntan con amigos juegan a la pelota y después toman cerveza y comen mani y hablan de las minitas que se cojieron o de las que se quieren cojer, dejan en claro que no les importa el amor y pueden pasar horas hablando de una parte del cuerpo de la minita, porque al tipo objetivar de manera creativa un culo le hace merito para ponerse otra estrellita en el cuello de la camisa.


Ni las minitas ni los tipos son peligrosos en si mismos y de hecho son fácilmente detectables y a lo sumo un poco aburridos, la macana está cuando uno se encuentra con especímenes que han fusionado muy bien estas características tan disímiles. Ahí si, que desconcierto, porque uno no sabe si escribirles poemas o pedirles que cambien el cuerito de la canilla que gotea, pero se ve tentado a hacer las dos cosas.

miércoles, 15 de diciembre de 2010

res extensa.

Quiero irme, no se a donde pero quiero irme, lejos. 
Buenos Aires me mata, su ritmo, su hacinamiento, su locura, sus luces, su excesiva humanidad, me mata. Buenos Aires no es para mi, pero se me hizo  tan carne que no se donde empieza ni donde termina.

Nunca me asustó la marginalidad, entro y salgo cuando quiero, cuando quiero. Con esta carita de nena buena, con este vocabulario enriquecido por mi educación luterana, con estas tetas y con los kilómetros de calle que tengo encima, entro y salgo cuando quiero, cuando quiero.
Cuatro bolsas nos tomamos el viernes, nunca había tomado tanto y si hubiese sido por mi seguíamos pero el cajero no quiso entregar más plata. Una vez más el sistema tuvo que indicarme la “normalidad” y tuve que parar. Quería seguir, quería irme, a no se donde, pero quería seguir, treparme a un árbol, andar por los techos. No sentía calor, ni frio, ni dolor, ni nada, no sentía el cuerpo, no tenía cuerpo. Había logrado lo que Descartes buscó por mucho tiempo en sólo una noche y cuatro bolsas. Escindida completamente, escindida y con cuerpo de mujer, tentadora, una gata cuando quiero y con cuatro bolsas una gata en celo, oscura, terrible, con las patas llenas de brea. Una sonrisa, de esas bien mentirosas, dibujada en la cara, mi cara que para ese entonces no era ni mía ni de quién me miraba, no era de nadie. No tenía cara, no tenía cuerpo, estaba ahí pero no estaba, estática, con la sonrisa dibuja y los ojos para adentro, con tantos pensamientos juntos que no pensaba en nada. Por suerte. Con todos los disfraces juntos, todos juntos, desprolijos, amontonados sobre mi cuerpo, un cuerpo que no era mio, ni de nadie.

Buenos Aires me mata,  de a poco y con muertes cada vez más dulces. Con su permanente compañía tan ficticia como sus luces, con su abundancia, sus bocinas, sus millones de alfombras para barrerles debajo.  Buenos Aires no es para mí, pero también soy yo y entonces no puedo dejarla, donde vaya estará, con la sonrisa burlona dibujada en una cara sin forma.

Quiero irme, no se a donde pero quiero irme, lejos. No escaparme, esta vez, sino irme. 

(para m. entre lo oscuro, lo grotesco y lo hermoso que tiene andar caminando con el corazón en la mano)

sábado, 11 de diciembre de 2010

realismo (a dos voces).

Mi nenita está agotada, se la nota muy cansada, con respiraciones profundas, el pelo algo revuelto, quiere dormir, lo se, quiere dejarse vencer por el sueño. Pero estoy despabilada y algo aburrida, no quiero que se duerma, quiero que esté ahí para mí. Le acaricio despacio las piernas peludas, le subo un poco la pollera, que le deje puesta todo el tiempo, le rozo como quien no quiere la cosa su agotadísima pija que, ahora, es más que nada un poema de amor.
Quiere dormirse, lo se, pero no voy a dejarla. Todos los movimientos son suaves pero cuando la veo irse le hablo y la hago reír, me mira con los ojos semi abiertos, quiere dormir, pobrecita no voy a dejarla, yo no tengo sueño así que tampoco ella se va a dormir. Le pido que me cuente una historia, quiero escucharla hablar con su voz suavecita, esa voz que se va perdiendo cuando uno quiere dormir.
Ella es tímida para arrancar, le cuesta arrancar, pero cuando se larga no la frena nadie, solo hay que saber preguntar, como a todos, entonces le pregunto, quiero escucharle la voz suavecita: “hiciste alguna vez un trio?” Abre los ojitos cansados, ahora tienen esa luz que se pone en los ojos cuando se recuerda algo lindo. Sonríe y arranca.
Me cuenta la historia más excitante que le escuche hasta ahora, siempre con la voz suavecita, siempre con los ojos entre abiertos, pero cuando me mira, cuando hace como si nada mientras le toco el pelo intentando arreglárselo, veo en sus ojos ese brillo de fantasía y recuerdo que me gusta tanto. Me atrapa enseguida con el relato, me enciende y se muy bien que cuando lo termine, voy a volver a atacarla. Lo se y ella también lo sabe. Tal vez por eso hace tan larga la historia, le pone tanto detalle, porque mi nenita es tímida, si, pero no tiene un pelo de tonta, quiere jugar también conmigo, quiere hacerme esperar, y yo la dejo, no la interrumpo mientras me cuenta, ya habrá tiempo.

“viaje por el sur, había armado grupo en el micro en bs as, fuimos por distintos lugares, llegamos a Bariloche y fuimos a bailar todos juntos. El lugar: tres pistas, tres pisos, se llama o se llamaba CLANDESTINO, pista de arriba: rockn and roll, abajo latino con recitales y todo, abajo (un sótano) una luz roja un pequeño escenario y música muy sensual. Quedaba cerca del baño, era una tentación, mientras esperaban para ir al baño pispeaban. Yo vi el lugar y ni mee, me metí. Había tres sillones, me senté en uno. Los que vinieron conmigo me miraban espantados, no sabia porque ni me importaba. Me tome una cerveza grande de litro en vaso, cuando se acabo cerré los ojos y tenia otra. Magia? No, una rubia, 35 años. Se me sienta al lado, me rio y le digo gracias. En el sótano había unas 20 personas y 5 mirando afuera. Abro los ojos  y la veo a la rubia de nuevo, solo que esta vez besando a una morocha de pelo corto, su pareja. A lado un pibe de 18 añitos, semidormido, muy drogado. Al lado de él un pibe morochito vestido de nena, sin tetitas nada, hablando con un oso. Miré para atrás y bailaban todos, se cojian con las piernas, con los ojos, se penetraban todos con las miradas.
Había un pequeño escenario, y las dos chicas empiezan a bailar y besarse ahí, se amaban, lo se. Yo, estaba feliz, no la tenía parada, era feliz.
Cuando termino el tema, viene la rubia se me sienta y me pide cerveza, mete su mano en mi pierna y me dice “hola”, solo eso. Le convido su cerveza y se me sube en las piernas. Mire a su dama, me miró fijo, nunca sentí el celo de una mujer sobre otra así jamás, me quemaba. Entonces le dije al oído “o viene ella o te vas”. La llamó, ella se negaba con la cabeza (para reafirmarse le mordió el culo al travita que estaba regateándole al oso unos dolares por un pete). Entonces ella me dice “ahora viene”. Mete su mano entre mis piernas y me dice  algo así como “quiero pija de carne” No se. Entonces sentada en mis piernas, su mano en mi pija semi erecta,  me dice “a esa puta le gusta esto” y me empieza a besar, nos besamos mucho, pareció mucho. Sentí voces, festejos, música, gente que se acercaba, vibraciones y una presencia, parada estaba la pareja, mirándonos, pero su mirada era otra, lasciva. La espié, entonces le saco la boca a la rubia  y le digo a la otra “veni”, se acercó y ella la beso, un hermoso beso y después nos besamos los tres.
Al rededor todo era una gran fiesta, el travita había desaparecido con el oso, el pibito dormía y el resto, yo sentí, que se penetraban como antes, pero estaban celosos.
Empezó un cuarteto de Rodrigo, estaba de moda y a la pista los tres, ya en el escenario chiquito ese, bailo con las dos, las beso, nos apoyamos, nos tocamos, éramos uno sentía. Después de bailar un buen rato, todos transpirados, la rubia quiere ir al baño y me agarra de la mano. Eran unos baños con puertas como las del lejano oeste, esas que son de madera y se abren de a dos. Hacemos poca cola y entra, yo me quedo afuera, me dice “veni boludo”, me mete adentro, era de dos por dos. Se baja los jeans, hermoso vello púbico, se agacha sin tocar el inodoro y mea adentro, yo miraba, fascinado. Termina  de mear, yo creo que sacudió la concha pero no me acuerdo y me agarra la mano, la mete en su boca y con su mano me desabrocha el pantalón se corre, me hace pasar se pone en  mi espalda, yo mirando el inodoro, me la saca y me dice “mea”. Primero mee la pared, estaba parada, nos reímos, pero ella quería sentir el chorro borbotear, sentir la pija moviéndose, la acomoda bajándola y meo, me agarra la mano mojada por su boca antes y se la mete en la concha, yo de espaldas meando. Dejo de mear, me la sacudo y ella me la suelta. Cuando meas siempre se baja, siempre, será por eso que cuando voy a darme vuelta para besarla, se agacha, me baja mas los jeans y el boxer y me abre la cola, mete su lengua y al toque se me para (no me beso mucho, pero fue mi primer beso húmedo, bien negro). Me da vuelta, la agarra firme, la mira, me mira y me dice “que envidia te tengo” y me la empieza a chupar. Empiezan a golpear la puerta “que se mean” “que dale” “que apurense”, nos reimos, nos subimos todo, y salimos juntos. Volvimos al sillón, estaban todos de nuevo, la pareja, el travita, el oso (mas relajado), y el pibito dormido totalmente. Nos fuimos todos en el auto del oso a la casa de la pareja de la rubia, ella era puta, trabajaba de eso.
Cuando llegamos, entramos a un cuarto, la rubia, su pareja y el pibe que estaba muerto, lo tiraron en la cama, le decian cosas dulces al oido, lo acariciaban las dos. Le decían “a dormir bebe” y lo dejaron en bolas en el costado de la cama, boca abajo, era un bebe, lampiño. La morocha me preguntó si me gustaba cuando me vio mirarlo, yo le dije algo que me salio del alma "me da piedad", ella se enterneció ahí, lo se, lo presentí y además me dio un beso en la boca. Entonces me empiezan a besar, las dos, una desnuda la otra vestida. La morocha jamás me toco el pito. Me besaba y a ella y los tres, pero le atraía ella, cuando la rubia se subió arriba mió ella le chupaba la cola a ella pero a mi los huevo no ni el culo nada. Me acariciaba las piernas, pero era con ella, había amor ahí. La rubia me monto, acabamos y después me la chupo, acabé otra vez, nos besamos los tres con mi leche y me dijeron, “sentate ahí” se besaron los cuerpos como nunca y el muertito solo recibía dedos en su culito, se lo metía una, se miraban y se reían. El pibe se movía como si fueran moscas, pero nada, le podrían haber metido un cargamento de pijas y nada. Ellas acabaron, y me dijeron “veni acostate” me puse a la izquierda de la rubia, la rubia al medio,  la morocha derecha y el muertito casi al borde a la derecha. Después de un rato, entró el trava en bolas y me dijo “te abro?” me vestí y me fui.

Me encanta escucharla, me gusta verla así, cansada y contándome una historia a la que le sobran detalles.
Sólo ella, mi nenita/hombre es capaz de contarme un relato protagonizado por putas, travas, osos y drogoncitos, destacando el amor de las miradas, la belleza del momento, la ternura que le despertó un culo lampiño. 
La escucho atentamente, tengo la certeza que no me equivoque con ella.