Soñé que te cojía pequeñita.
Que nos encontrábamos las dos,
calientes en el patio, rodeadas de plantas, de gatos y de sol.
Vos, te reías y no sé qué me decías,
pero me daban unas ganas terribles de besarte y te besaba.
Te sacaba la remera y tus tetitas
minúsculas, imperceptibles, se reían del pacatismo de caballito.
-pero si es un pibito. Decían las
viejas culo-roto colgadas a los
balcones.
Igual, lamía tus pezones y me perdía
en tu entrecerrar los ojos. Con una mano te abría el cierre, despacito. Y así
de despacito te pasaba la lengua por la boca. Tus dientes, chiquititos,
apretados, dejaban salir tu lengua que se encontraba con la mía.
Papilas gustativas al cuadrado y te
sacaba el pantalón.
Desnuda y dibujada, te ponía dándome
la espalda cerca de la parrilla, únicamente para molestarte con el recuerdo de
alguna muerte sabrosa.
Tu culo, hijo mortal de algún dios,
sobresalía altaneramente de tu cuerpo. Mi pija lo buscaba, lo tanteaba, lo
medía.
Te ponía la mano derecha en la concha
y la izquierda en el cuello. Te penetraba por instinto.
Los pacatos, ahora, se asomaban. Ya no
era una imagen permitida.
-gorda puta, puto…bombea a nena,
pibito.
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