viernes, 16 de diciembre de 2011

fantasma lacaniano.

Querido Federico,
intente de las mil maneras olvidarte. No lo consigo.
Pero dejame que te lo diga, lo intenté Federico, puse voluntad, si es que sirve para algo, lo intenté.  Busqué artificios de los más variados, creí en cosas que yo no creo, para ver si con eso vos te ibas, te espantabas. Pero no, te quedabas.
Intenté varias cosas, como te decía. Hice una limpieza grande y tiré todas las chucherías que guardaba, todo lo que me remitía a vos con necesidad. Las cosas chiquititas que nos unían. También baldié los pisos, lavé los platos y fregué los azulejos del baño que todavía olían a tu espalda.
Me convertí en todo eso que no era. Pensé que por ahí, de ese modo, te asqueaba mi presencia y entonces no volvías. Pero te quedabas y cada vez más cerca. Cómo si estuvieras adentro mío, como si sintieras eso que siento, como si tampoco vos pudieras hacerlo palabras.
Pero no sos parte mía Federico, sos eso que es y no es (yo) más bien; como decía Derrida, ese huésped que se vuelve hostil. Y como sabes, toda mi hospitalidad se cuece en un caldo hostil, picante. A veces desértico.
Lo intenté. Recurrí a talismanes, estampitas, velas, mantras, hasta leí las letras pomposas que tanto detesto. También hice lo que se hacer, lo que no me cuesta nada.
Pero te quedabas cerca, siempre cerca. Ese cerca que no existe, que puede ser en cualquier lado. Susurrando cosas que, todavía, no puedo oír. Diciendo cosas que tampoco vos podes decir todavía.
Y entonces, Federico, me envuelven nostalgias de recuerdos tan apócrifos como cualquier relato inconcluso.
De todos modos aprendí que los berrinches no me sirven para nada y a mi los deseos no me salen sino con puros berrinches. No tengo término medio, me conoces, y por eso se me hace tan paradójico tenerte tan cerca.
Sea como sea, dejo de pelear y vuelvo a darte la bienvenida.


Sueño (1)
A veces siento que es la primera vez que estoy en mi casa. Un sentimiento extraño. Como extranjera en su tierra, en su tierra más propia.
Como si no fuera de ninguna parte. Como si estuviera de visita. Sabiendo que me voy.
Hasta que me doy cuenta que no se a dónde. Entonces me gana el espanto y me siento líquida. Licuada, para ser más exacta.
Como si no hubiese nada en mí que contenga mi sangre. Como si pudiese irme entera por la oreja, por la nariz o difuminarme, hasta desaparecer,  por cada uno de mis poros.


Disculpame Francisco, a veces pienso que me hubiese gustado desear otra cosa. Y no es que sea tarde, pero es que ya no le encuentro mucho sentido. Las palabras ya no me dicen mucho, sabes? no me dicen nada.
Las palabras ahora me resultan solo palabras, juegos entretenidos de ingenio, a lo sumo. Quizá porque logré desprenderme incluso de ellas, sentirlas extrañas o ya no sentirlas. Dejar mi cabeza en blanco o en negro o en un gris indescifrable….
Así me siento Francisco, completamente vacía, o muy llena. Totalmente abarrotada, sin el más minúsculo espacio donde  entre nada.
Y si, claro, por momentos, siento que me asfixio, que me quemo por dentro, que me arde, pero hay momentos en los que me siento bien así, en silencio, tranquila.


Sueño (2)
Estaba en un edificio de estructura antigua. Caminaba desorientada por uno de los pasillos. Paré en una puerta grande y pesada de madera. Al abrirla, era un baño amplio y muy limpio, con un espejo enorme que abarcaba toda la puerta del lado de adentro. Me miraba, tenía una expresión rara, de desconcierto.
Al bajarme el short, encontraba en mi entrepierna un pubis muy velludo, oscuro y voluminoso. Y entre ese matorral mio, reposando una pija gruesa que colgaba hasta el comienzo de los gruesos labios de mi concha.
Hice un pequeño movimiento pendular y sentí cómo se sacudía un poco mi verga, cómo iba y venía suavemente.
Abrí un poco las piernas, y me miré con detenimiento en el espejo. Tuve la necesidad de asegurarme que también estaba mi concha. Estaba, sin ninguna modificación al parecer. Eso me tranquilizó un poco, pero en seguida me pregunté, creo que en voz alta si todo eso era normal. Claro que es normal, me dije, soy mujer, todas las mujeres tenemos las dos.
Así dije “las dos” y me dio entre ternura y vergüenza haberme confundido.
Con la mano derecha tomé con suavidad mi verga, desde el nacimiento mismo. La apoyé en mi mano, como intentando adivinar su peso, como queriendo saber cuanto medía.
Todo eso pasaba rápido, pero lo sentía eterno.
La rugosidad de la piel que se iba tensando, la mano que se iba haciendo chica, que ya no contenía toda mi verga, que ahora simplemente la guiaba, la sacudía.


Escuchame Fabricio, entendé. Yo nunca te mentí.
De hecho, te lo dije siempre; yo nunca miento, a lo sumo exagero, fabulo, te hago más entretenida la historia, le doy cierta cohesión poética a eventos que de otro modo no tendrían demasiada relevancia.
No se, decile como quieras Fabricio, pero asumilo, yo nunca te mentí.
Incluso para que entiendas, un día te dije que miento todo el tiempo, para que entiendas nomás, pero parece que te confundí, que te llené de dudas.
Mirá, que se yo, por ahí es parte de mi costado perverso, pero ves? Nunca te mentí. Yo no miento.
Te dije también que a veces  se me piantaba un poco, o no te lo dije? y en eso las contradicciones formaban parte del combo, por eso nunca te dije más si que no, ni viceversa.
Pero entendeme Fabricio, y es que se venía venir, así de ansiosa que soy que necesitaba paciencia.
No te pongas así Fabricio, me partís el corazón, vení, mejor deja que te acaricie un rato.
Si vos sabes bien que después de todo realidad no es otra cosa que la  sustantivación de un adjetivo que de por sí, no le agrega nada a la descripción.
Abrazame Fabricio, te abrazo. Yo nunca te mentí y tenés una boquita tan hermosa.


Sueño (3)
Estamos en el subte B, tal vez para que todo sea mucho menos creíble. No se, estamos sentados en esos sillones de felpa roja desgastada que tiene el subte B. No recuerdo el contenido de nuestra charla, pero recuerdo la sensación de tenerlo cerca.
Está vacío el vagón o yo no veo a nadie más que a él, con las piernas bien abiertas, ocupando mucho más espacio del que en verdad ocuparía su cuerpo delgado.
Un gesto que es muy común entre los hombres, pero que en él se ve ridículo, exagerado, como sobreactuando su virilidad. 
Toda su confianza se le ve ridícula, y por eso me gusta.
Todo él me resulta grotesco.
Me resulta evidente que es otro, aun cuando no puedo determinar si es el otro que le gustaría ser o el otro que por momentos siente que no puede dejar de ser.
No me importa. Me gusta saberlo otro. Me gusta creer que nos pasa lo mismo, que por eso nos entendemos, que por eso no hace falta decir mucho, ni tampoco conocer ni inventar verdades.
Como si fuésemos conscientes del engaño, como si pudiésemos ver el disfraz que llevamos puesto.

domingo, 6 de noviembre de 2011

esta ironía porno nuestra.

Se desnuda al llegar, mientras yo tomo mate y arreglo un poco la mesa del patio. Camina, se mueve alrededor mío y me pide una reposera. Se la doy. Mientras se acomoda,  veo cómo se asientan, en su culo pálido, millones de pelos largos que se enrulan  y dibujan infinitas formas en ese lienzo curvo.
Yo no estoy excitada a decir verdad. Pero voy entrando en ritmo cuando, sin cuestionar nada, cumplo con lo que me va ordenando y veo cómo sus huevos y su pija, de estar colgando, pasan a tener otras formas.
Es la mente, me dice; pero no me dice qué cosas le pasan por la mente para mover de esa manera las bolas, lo cierto es que tampoco me interesa, porque con verlas ya me alcanza. Sé lo que pasa por la mía.
Hablamos de la vida, de cosas simples y también de cosas tristes. Sigue desnudo y veo que su pija se hace chiquita, se encapulla, cuando hablamos de cosas serias. Pero cuando se da cuanta que la estoy pispiando se ríe y me hace reír. Cambiamos de tema, su pija ahora tiene una pequeña contracción que la hace dar un saltito.
Me dió frío, me dice y entra a buscar su ropa. Creo que va a salir vestido, pero no, sale desnudo y con las medias puestas. Me da risa verlo así, pero en seguida pienso “el maldito lo hace para negarme los  pies” y entonces me doy cuenta que estoy a punto.
Hablamos un rato más y ya no puedo mirar otra cosa que la metamorfosis de su pija, cómo cada tanto la toca, como acomodándola suavemente, acariciándosela. Te gusta mirar? Me pregunta. Sabes que si, le respondo. A mi también, me dice y empieza a sacudirse la pija, bien dura ya, clavándome los ojos en las tetas escotadas.
Acercate, me dice y abre las piernas para que pueda meterme entre ellas. Con una mano me agarra de la cintura y me empuja para acercarme bien a la pija que sacude cada vez más rápido. Con el roce de su mano en mi concha vestida me saca el primer polvo. Sentí un temblor y los pantalones muy húmedos.
Me arrodillo, quiero sacarle las medias. No me deja. Si te portas bien van a ser tu premio, me dice. Los quiero, insisto. Después y se  inclina para chuparme las tetas. Hunde toda su cara entre mis tetas y después golpea mis pezones con su pija que desprende algunas gotitas.
La pongo entre mis tetas. Le escupo la punta para lubricarla y poder sentir mejor cómo sube y baja apretada entre mis esponjosas tetas. Empiezo pasándole la lengua por la punta, hasta que la trago toda y entonces me agarra fuerte de los pelos, haciendo que mi cabeza suba y baje a su ritmo. Me hunde hasta casi atragantarme y me levanta en el momento justo.
Me pide que me saque el pantalón mientras beso sus huevos. Sacame las medias, me dice finalmente. Y al agacharme para desnudar sus enormes pies, los beso en posición de alabanza, sacando culo como una gatita tomando agua.
Me hace incorporar y focalizar otra vez en su pija. Mientras se la chupo, acomoda su pie derecho en mi conchita mojada. Siento primero su hermoso dedo gordo, pero pronto se confunden los dedos y puedo sentir todo su pie en mí.
Mirame y pajeame, me pide. Te  voy a llenar de leche hoy. Me muevo sobre su pie y aprieto su pija con mi mano, mientras sostengo entre risas su mirada. Más fuerte,  me pide. Estás con un hombre, me repite. Yo sigo moviéndome y sacudiéndola. 
Cuando me da el primer calambre, sale el primer guascaso. La leche salta como en una pequeña fuente y no sólo yo quedo llena de leche, sino que también su cara se lleva unas gotas.



domingo, 12 de junio de 2011

Lucy in the Sky with Diamonds.

Las imágenes se me pasaban medio revueltas delante de mis pupilas dilatadísimas. Las caras, las luces, la música, todo se me metía directo al cuerpo. Sentía las texturas y los colores, sentía como me envolvían y se enredaban en mis rulos.

Ella me miraba, sonreía y me miraba, bailaba y me miraba, bailaba para mí. Se acercaba y movía todo su cuerpo muy cerca del mío. Tenía borcegos altos, con plataforma, medias de red oscuras, pollera cortita de jean, una remera blanca con algunos dibujos y un chalequito chiquito y ajustado  color negro, pelo muy cortito que le formaba una mini cresta, ojos  grandes y una boca hermosa con labios bien carnosos.
La veía temblar, temblar para mí. Se agitaban sus tetitas, sacudía las piernas y éstas el culo. Un culo firme tapado, apenas, por su pollerita de jean. Estaba con un chico, era su chico evidentemente, pero ella, putita perversa, me miraba y me bailaba a mí. Se acercaba cada vez más y me sonreía. En mi cabeza las imágenes seguían enredadas, pero focalizaba cuando la miraba, focalizaba en ella y su sonrisa, en sus movimientos, en su nuca húmeda por la transpiración que le generaban sus movimientos.
Me convidó del trago que le había traído su chico, no se qué era, ni siquiera lo probé. Me dijo un par de cosas, creo que del trago que me ofrecía, no se, no me acuerdo bien o no le entendí del todo, no se, pero cuando la escuché, cuando escuché su tonada, cuando me di cuenta que esa hermosa tanita estaba tan o más drogada que yo, sentí como un fuego que me salía de adentro y ella también lo sintió.
La ví meterse al baño y no me aguanté las ganas, me metí en el baño atrás de ella.
Se estaba mirando en el espejo, entré y le dije “hola” ella con un lindo "jiji" de putontita me dijo “ciao”. Sin decirle nada me acerqué y la agarré de la cintura, lindas curvas más allá de ser delgada. Quise besarla pero ella se corrió para atrás, me decía que no podía, que no, que no. “Pero dale tanita, si tenés más ganas que yo!” pensé. Me ponen loca las putitas que me dicen que no cuando se les nota que tienen más ganas que yo.
La agarré de la mano y la metí en el cuartito del baño, la puse contra la pared, ella me miraba con esa mirada caleidoscópica. Para esa altura, debo decir, a las dos nos salían colores de los ojos. La besé agarrándola fuerte de la muñeca y puse mi otra mano sobre su tetita izquierda, su pecho subía y bajaba al ritmo de la respiración que parecía estar sincronizada con la música y las luces de afuera. Levanté su remera, no tenía corpiño, le pasé la lengua por el contorno del pezón que estaba bien duro. Le toqué las piernas despacio, haciendo que mis dedos jueguen con sus medias de red. Ella se agitaba y se reía, me tocaba el pelo y muy suave las tetas. Con una mano le agarraba fuerte el culo, con la otra le corrí la bombacha y acaricié despacito esa conchita italiana toda mojada por mí en un baño chiquito y oscuro. Le ponía mis tetas sobre sus tetas, ella me las tocaba y las apretaba cada vez más, se movía agitada. Le metí tres dedos que entraron con tanta facilidad que me puso más loquita de lo que estaba. Sentía la humedad y el calor de su concha en mis dedos, la veía entrecerrar los ojos y morderse los labios. La besé y le estiré el labio inferior con mis dientes, entre ellos dejaba pasar la lengua que bailaba en su labio carnoso. Me reía, todo me hacía reir. Ella estiró la mano y la metió entre mis piernas, arriba del pantalón, me frotaba rápido y con fuerza, mostrándome cómo quería que yo la tocara y así lo hice. Terminamos entre risitas y suspiros. 
Salió primero ella y después yo con aires de triunfo.

El lsd, las putitas y el amor son mis drogas preferidas. Drogas duras y peligrosas, si, pero quién te quita lo bailado?

viernes, 3 de junio de 2011

criterio de demarcación. (lo borrosoñoso)

Hoy soñé con vos y te soñé con detalles que, la verdad, no sabía que me acordaba.
Veía tus manos, claramente eran tus manos y me detenía un buen rato en la forma de tus piernas, tus pies, esos si me los acuerdo. Tu dedo gordo y tus tobillos flacos. Tu espalda, qué linda que es tu espalda y el dibujo que los pelos te forman en la panza y en el pecho.

Pero claro, como siempre, las imágenes en los sueños son borrosas, se borrosoñean las cosas en los sueños.  Pero me acuerdo, si, muy bien de las sensaciones. Las sensaciones son absolutamente vívidas en los sueños y muchas veces más intensas que en cualquier otra parte. Sin estructuras, sin pensamientos, sin explicaciones estériles que no aportan nada. Las sensaciones puras son en si borrosoñosas, tal vez esa sea precisamente, su verdadera condición de posibilidad.

Tu actitud era algo distinta pero no distante, andá a saber si era lo que siempre quise que sea o lo que siempre temí que pueda ser, no se, no me importa, pero era distinta.
Te ponías algo rígido y tu voz no tenía la suavidad que tiene habitualmente, conjugabas imperativamente todos los verbos y los verbos se hacían cosas, cobraban entidad tus verbos. Tu mirada sacaba chispas y se podían ver esos colores que salían de tus ojos.
Me dabas vuelta, me dejabas boca abajo, te sentabas sobre mí, podía sentir todo tu peso en mi cintura, podía sentir como se expandían y presionaban sobre mi cintura tus nalgas esponjosas. Me agarrabas de los pelos, fuerte me agarrabas, hacías que mi cuello se estire, no podía darme vuelta, no podía moverme, no podía mirarte, pero te sentía en todo el cuerpo, en cada respiración te sentía.
En un momento quise mover los brazos, me había puesto algo inquieta, aun cuando por dentro estaba tan serena como hacía tiempo que no estaba. Entonces, sin soltarme el pelo te levantabas rápido y sentí frío en la cintura, como una sensación de inmediata nostalgia corporal. Pero antes que pudiese decirte algo, acomodabas con fuerza tu rodilla sobre mi espalda, haciendo que tu pierna quede en paralelo a mi columna. La presión era fuerte, me costaba respirar.  Empezabas a darme potentes chirlos en el culo, primero con la mano, pero después podía sentir la textura de la palmeta de cuero. Me decías lo rojo que se me iba poniendo el culo y yo podía sentir el calor del rojo, cada vez más caliente, cada vez más rojo y las cosas se me borrosoñaban y se tornaban rojas, con distintos matices, con matices que incluso no recordaba conocer del rojo.
No me pedías que haga nada, todo era entre vos y mi cuerpo, yo estaba pero no, aunque si y nunca había estado tanto. Los chirlos me generaban contracciones espasmódicas que a su vez provocaban que mi pelvis se frote con las sabanas, que a su vez me hacían sentir cada vez más la presión de tu pierna sobre mi columna, que a su vez hacía que mi respiración sea más y más agitada.
Después, súbitamente después, como si la escena hubiese cambiado de repente, como si todo lo otro no hubiese sido nunca. Pero si, porque ahí estábamos. Sentía, esta vez, todo tu cuerpo sobre el mío, sentía como me penetrabas y me presionabas cada vez más fuerte, con cierta violencia lo hacías, violencia que se sentía dulce, amorosa podría decirte,  y una mano tuya sobre mi cuello y otra tironeándome el pelo, te ayudabas para hacer fuerza y empujar y empujar, como si no hubiese fin en los cuerpos.

Yo estaba pero no y vos tampoco estabas pero si.

Después de todo cuál será la línea que divide lo real de lo simplemente fantástico, cuál será el criterio y quién el encargado de descubrirlo, y de qué lado de esa línea estarán los sueños? Las sensaciones tienen realidad efectiva aun cuando se alimenten de cosas que, por ahí hay quienes dicen,  no existen  o por ahí hay quienes, simplemente, tienen miedo que existan. 

martes, 19 de abril de 2011

zoología fantastica III.

confesiones de un gatite acerca de su desconcierto:

-ayer me martillé un dedo, para ver si comprendía a qué se refieren los humanos cuando hablan de dolor. debo decir que no fue para tanto, dolió si, pero los tejidos se reconstruyen, el dedo sana.
después me tomé el trabajo de medir un vaso, para llenarlo exactamente por la mitad. no hubo manera, por mucho que me esforzara siempre lo veía a la mitad, no comprendí el dicho.
también compartí momentos y fui feliz con alguien a quien le abrí mi corazón, así y todo, sigo sin tener idea qué quieren decir con amor los humanos.

-creo que la humanidad tiene muy sobrevaluados algunos conceptos o una gran incapacidad para la metáfora.

miércoles, 6 de abril de 2011

tomo y obligo.

Juira a los lobos que se disfrazan de corderos. Los prefiero salvajes, con los colmillos afuera.
Juira a los tibios que se pasan de cagones, esos que quieren cuidarse y hasta cuidarte, pero de qué o de quién, es algo que nunca se preguntaron.
Juira a los tipos que se comieron el estereotipo de macho de manual. Los verdaderos tipos son los que se dejan romper el culo y lo disfrutan, como machos.
Juira a las minitas “fálicas” que codificaron la masculinidad con la torpe búsqueda del éxito productivo, con guita o laureles, con medirse la poronga inexistente en definitiva.
Juira también con las lesbitas ortodoxas que le tienen tanto miedo a la garcha que eligen hundirse en la sensiblería barata y creen que con aprender algo de plomería es suficiente.
Juira los conservadores, pero también juira los revolucionarios que, con ribetes inocentes, no hacen más que querer romper para construir con las mismas fórmulas.
Juira a los iluminatis y también a los oscuros, que terminan por justificar sus miserias repitiendo la aburridísima misma historia.
Juira con los frágiles que se creyeron tan caquita que se pusieron armaduras cada vez más grotescas e impenetrables. 
Juira con las identidades encapsuladas de los que necesitan asumirse.
Juira yo, ya lo se. Juira todo, que infantil. Pero me tiro, respiro hondo y me tiro, porque prefiero intentarlo, aunque me quede sin nada. 

lunes, 28 de marzo de 2011

stimmung - la bienco.

Hay realmente  muy pocas cosas en el mundo más lindas que una mujer bien cojida. Mucho se habla del estado inverso, ciertamente las malco son fácilmente detectables y hasta pueden llegar a ser un poco peligrosas.  También es cierto que es más fácil escribir o hablar de lo malo del asunto, la alegría no suele ser muy poética que digamos. Pero resulta injusto lo poco que se dice de este maravilloso fenómeno.

Las mujeres bien cojidas irradiamos de nuestro ser felicidad empírica, la figurita más difícil de todas, la que sale del cuerpo y no de novelitas fantásticas.  Por lo general esa felicidad se transmite en la sonrisa y en la mirada, que se torna relajada, que refleja comodidad con una misma y el universo. Bien cojidas logramos una increíble  armonía con las cosas, un comprender no reflexivo que permite una buena predisposición a estar en el mundo. Porque las mujeres bien cojidas no pensamos tanto, nos dejamos llevar hasta perdernos, porque sabemos que es la única manera de encontrarnos.

Yo, mujer bien cojida, me sigo hundiendo con alegría en las imágenes que me quedaron para las próximas tocatas solitarias y se me clava una sonrisa cuando me acuerdo de los gritos que se me desprendieron de no se donde e intento imaginar mi cara desde su perspectiva, como si yo fuese esos ojos que me miraban fijo mientras era toda una cerdita poseída.  

miércoles, 9 de febrero de 2011

nostalgia.

Yanina fue de la única mujer que me enamoré. La única. Siempre me gustaron las chicas. A quien no? Tienen que admitir que somos lindas las chicas. Pero siempre las quise para jugar, como muñequitas, sólo para jugar un rato.
Pero  a Yani no, ella no era para jugar sólo por un rato. Me di cuenta en seguida y  no la quise dejar ir. Lo lindo fue que tampoco ella quiso soltarme.
La conocí en el laburo y la verdad que al principio no me caía muy bien. Envidia de chicas, mal al que no escapo. Ella no sólo era mucho más linda, era simpática, inteligente, interesante.  
La primera vez que salimos en grupo, con los nervios y el caretaje propio de la primer salida con compañeros de trabajo, Yani con su sonrisa, me agarró de la mano y me llevó al baño, me dijo “hasta los 30 está bien, después tenemos que parar”, se rió y puso una moneda en mi nariz. De verdad que no me la esperaba, “te gusta sorprender” no se si lo pensé o lo dije, pero ella lo entendió.
Vivimos juntas, casi dos años. Una casa en san telmo, con olor a humedad, techos altos y canillas rotas. El balcón daba directo a la puerta de una comisaría, Yani se asomba en tetas todas las mañanas a recibir el día. Después hacia la cama. La terminaba siempre dándole un beso a mi almohada (ese gesto me podía, corría a abrazarla cuando la veía hacerlo). Mirábamos en la cocina la novela que a ella le gustaba mientas me cocinaba cosas ricas y charlábamos de la vida. Yo lavaba los platos.
Un día la encontré llorando, me dijo que tenía novio, que se iba a vivir con él, que bueno, que si, que el amor, que las cosas, que la gente, que los 30, que te quiero, pero viste, que la madre, que el hermano, que por ahí, que se yo. Al otro día se llevó todos los muebles, los vasos y los cubiertos, hasta las cucharitas. Dejó al gato y el escobillón en el lavadero. 

sábado, 22 de enero de 2011

mala fe.

fue divertido mientras duró. 
verdad cruda de ojos empañados que hasta ahora nunca habían dicho algo tan cierto.
quiso probar, quiso saber, experimentar qué era lo que se sentía estar del otro lado.
y probó, experimentó, jugó, desparramó risas por todas partes, incluso se tentó y quiso un poco más.
es cierto. 
pero es más fácil jugar con quienes no conocen el juego. 
reglas dinámicas de sonrisitas mentirosas. 
tal vez porque esto, así, me costó muy mucha soledad. 
la libertad muchas veces cuesta más de lo que uno estaba dispuesto a pagar.
tesoro extraño que con la misma fuerza con que se lo busca
al encontrarlo, espanta 
y se abandona.