viernes, 3 de junio de 2011

criterio de demarcación. (lo borrosoñoso)

Hoy soñé con vos y te soñé con detalles que, la verdad, no sabía que me acordaba.
Veía tus manos, claramente eran tus manos y me detenía un buen rato en la forma de tus piernas, tus pies, esos si me los acuerdo. Tu dedo gordo y tus tobillos flacos. Tu espalda, qué linda que es tu espalda y el dibujo que los pelos te forman en la panza y en el pecho.

Pero claro, como siempre, las imágenes en los sueños son borrosas, se borrosoñean las cosas en los sueños.  Pero me acuerdo, si, muy bien de las sensaciones. Las sensaciones son absolutamente vívidas en los sueños y muchas veces más intensas que en cualquier otra parte. Sin estructuras, sin pensamientos, sin explicaciones estériles que no aportan nada. Las sensaciones puras son en si borrosoñosas, tal vez esa sea precisamente, su verdadera condición de posibilidad.

Tu actitud era algo distinta pero no distante, andá a saber si era lo que siempre quise que sea o lo que siempre temí que pueda ser, no se, no me importa, pero era distinta.
Te ponías algo rígido y tu voz no tenía la suavidad que tiene habitualmente, conjugabas imperativamente todos los verbos y los verbos se hacían cosas, cobraban entidad tus verbos. Tu mirada sacaba chispas y se podían ver esos colores que salían de tus ojos.
Me dabas vuelta, me dejabas boca abajo, te sentabas sobre mí, podía sentir todo tu peso en mi cintura, podía sentir como se expandían y presionaban sobre mi cintura tus nalgas esponjosas. Me agarrabas de los pelos, fuerte me agarrabas, hacías que mi cuello se estire, no podía darme vuelta, no podía moverme, no podía mirarte, pero te sentía en todo el cuerpo, en cada respiración te sentía.
En un momento quise mover los brazos, me había puesto algo inquieta, aun cuando por dentro estaba tan serena como hacía tiempo que no estaba. Entonces, sin soltarme el pelo te levantabas rápido y sentí frío en la cintura, como una sensación de inmediata nostalgia corporal. Pero antes que pudiese decirte algo, acomodabas con fuerza tu rodilla sobre mi espalda, haciendo que tu pierna quede en paralelo a mi columna. La presión era fuerte, me costaba respirar.  Empezabas a darme potentes chirlos en el culo, primero con la mano, pero después podía sentir la textura de la palmeta de cuero. Me decías lo rojo que se me iba poniendo el culo y yo podía sentir el calor del rojo, cada vez más caliente, cada vez más rojo y las cosas se me borrosoñaban y se tornaban rojas, con distintos matices, con matices que incluso no recordaba conocer del rojo.
No me pedías que haga nada, todo era entre vos y mi cuerpo, yo estaba pero no, aunque si y nunca había estado tanto. Los chirlos me generaban contracciones espasmódicas que a su vez provocaban que mi pelvis se frote con las sabanas, que a su vez me hacían sentir cada vez más la presión de tu pierna sobre mi columna, que a su vez hacía que mi respiración sea más y más agitada.
Después, súbitamente después, como si la escena hubiese cambiado de repente, como si todo lo otro no hubiese sido nunca. Pero si, porque ahí estábamos. Sentía, esta vez, todo tu cuerpo sobre el mío, sentía como me penetrabas y me presionabas cada vez más fuerte, con cierta violencia lo hacías, violencia que se sentía dulce, amorosa podría decirte,  y una mano tuya sobre mi cuello y otra tironeándome el pelo, te ayudabas para hacer fuerza y empujar y empujar, como si no hubiese fin en los cuerpos.

Yo estaba pero no y vos tampoco estabas pero si.

Después de todo cuál será la línea que divide lo real de lo simplemente fantástico, cuál será el criterio y quién el encargado de descubrirlo, y de qué lado de esa línea estarán los sueños? Las sensaciones tienen realidad efectiva aun cuando se alimenten de cosas que, por ahí hay quienes dicen,  no existen  o por ahí hay quienes, simplemente, tienen miedo que existan. 

1 comentario:

Anónimo dijo...

brillante.
(Eduardo.)